Listado de cosas fijas

viernes, 27 de enero de 2012

Erase una vieja que se comió una mosca gris

Jeremy Holmes
Catapulta editores.
Buenos Aires, 2010
20 págs.

Érase un libro que no era un libro sino un objeto que no era un objeto sino un juego que no era un juego sino una vieja que se tragó una mosca gris; es la única manera que se me ocurre de describir este álbum ilustrado, donde el propio libro es parte de la historia y uno de sus personajes. La experiencia de leerlo comienza por dejarse mirar por unos grandes y penetrantes ojos que el propio libro tiene en la cubierta, son los de la vieja. Luego hay que desenfundarlo. Jeremy Holmes, el autor e ilustrador, cuidó hasta el más mínimo detalle; para abrirlo hay que desplazar una funda en forma de abrigo que cubre desde el cuello hasta los pies de nuestra vieja. Después habrá que pasar las páginas sobre su panza, dentro encontraremos el contenido de la historia y del estómago de la vieja que se tragó una mosca gris… y una araña y un pájaro y un gato y un perro y una serpiente y una vaca y un caballo. ¿Sabes qué le pasó? ¡Pero claro que lo sabes! y si no, tendrás que leerlo, eso sí, hasta desvelar la sorpresa de la última página.


Libro para contar.
Recomendado de 4 a 99 años.




Publicado originalmente en: istmo.mx
Comprar en: gandhi el sotano

martes, 11 de octubre de 2011

Zezolla


Rodolfo Castro / Richard Zela
Axial / Colofón. México, 2010
26 págs.

No siempre hubo cuentos, porque no siempre hubo niños. Lo que llamamos infancia comienza en occidente en épocas recientes, antes los niños eran personas en ciernes, y la infancia una época que convenía superar lo antes posible. En esta línea puede inscribirse Zezolla, un relato gráfico que recoge la versión italiana del siglo XVII del que quizá sea el cuento más antiguo del mundo, Cenicienta. Desde el prólogo, Rodolfo Castro advierte que en esta versión no encontraremos «azucarillos»; es una historia a modo de las que servían de advertencia y enseñanza, y que se contaban junto a las hogueras para instruir a los niños de los peligros del mundo.
El texto es impactante, subraya imágenes misteriosas, oscuras y diluidas no sólo en los fondos de acuarela de Richard Zela, sino en la bruma textual que el autor imprime a su relato. Sin duda, una magnífica mancuerna para contar la historia de siempre, capaz de sugerirnos una época en la que lo fantástico era la única salida a la brutalidad que componía la realidad.
Recomiendo esta lectura a adultos de todas las edades, sólo recuerden no dejarla al alcance de los niños.


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