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martes, 11 de marzo de 2014

Canción para una niña de otros mundos


el sueño de mandarina ediciones
32 págs. 

Canción para una niña de otros mundos es la historia en verso de una niña sin nombre; en ella caben todas las niñas del mundo. O, tal vez, la descripción del mundo en que habita cada una de ellas, porque este libro de poemas nos retrata el vasto universo en que habita la infancia. Ese espacio vetado a quienes no logramos dejar de crecer. 



“Desde que te conozco, 
si apuntas a los cielos nacen estrellas, 
y derrites la nieve 
con un movimiento de tus pestañas. 
[…]”

Para los niños ese mundo es real. No lo miran con nostalgia ni sorpresa porque siempre han habitado ahí: moviendo las montañas, haciendo brotar estrellas, flores, peces, cangrejos sonrientes y derritiendo la nieve a golpe de pestaña. Yolanda nos trae la geografía de estos lares con la conciencia de quien se sabe con acceso a los arcanos rincones de la infancia. Ella no solo admira este mundo, sino que comparte con la niña el asombro que supone para ella. 

“Yo vislumbré en tus sueños
constelaciones y galaxias desconocidas. 
Por ti se abrieron las puertas de la aurora
que surcas como un ave.
[…]”

Yolanda, mientras asiste a este universo, lo protege; sabe que es frágil, que está apunto de extinguirse y no puede dejar de sentir cierta angustia; revelarlo sería romperlo. Por eso, establece pequeñas advertencias cariñosas: le avisa a la niña (nos avisa) que guarde cuanto pueda de ese mundo, que esté atenta a todo. Para que luego, al echar la vista atrás, el paisaje sea nítido. Para que lo añorado se satisfaga con lo vivido. 

Por último, la autora asume el trasiego que supone crecer y se ofrece a cuidar a la niña cuando, irremediablemente, ambas estén justito afuera de los muros de la infancia. Ella ya está ahí, sabe que no es terrible; nunca volverá a ser igual. 

“[…]
Algún día te esperaré allá, 
en el piso más alto que se alza entre las nubes, 
y cuando duerma escucharás
                          –– repetido –¬–
Mi nombre en el silencio.”

Un libro para leer a los niños, dejar que sean niños y admirarlos por ello.

miércoles, 12 de febrero de 2014

El Pato y la Muerte

Erlbruch, W.
Barbara Fiore Editora
32 p.
Portada de El Pato y la MuerteDesde hacía tiempo, el pato notaba algo extraño. –¿Quién eres? ¿Por qué me sigues tan de cerca y sin hacer ruido? | La muerte contestó: ­­–Me alegro de que por fin me hayas visto. Soy la muerte | El pato se asustó. Quién no lo habría hecho. –¿Ya vienes a buscarme?

Así, con esta ingenuidad, los niños descubren la muerte un día cualquiera. Después, curiosean sobre ella con una inocencia que ya no poseen nuestras explicaciones. Asusta responderles; hay más miedo en nuestras respuestas que en sus preguntas. Les hablamos de la muerte como si, simplemente, estuviera ahí, frente a nosotros. Siempre presente. Sin poder explicar qué implica: el fin, la imposibilidad de toda experiencia, la ausencia, la pérdida; lo inexplicable.

En El Pato y la muerte, Erlbruch representa a la muerte como un personaje más. Un personaje inquietante, es la muerte. Pero, con dulzura.

Si no tenía en cuenta quien era, hasta resultaba simpática; incluso, más que simpática.


Un personaje que, una vez despojado de nuestros prejuicios, podremos abordar de frente e interrogar. ­
–Algunos patos dicen que te conviertes en ángel. […] –Algunos patos también dicen que en las profundidades de la tierra hay un infierno en el que te asan si no fuiste buen pato.
Pero, la muerte no sabe que hay después de la muerte. Ella solo cumple su labor y sigue su camino. Sin embargo, aun sin estas respuestas, no se irá. Permanecerá esperando el momento oportuno.
La nieve caía. Los copos eran tan finos que se quedaban suspendidos en el aire. Algo había ocurrido. La muerte miró al Pato. Había dejado de respirar. Se había quedado muy quieto. | Le acarició para colocar un par de plumas ligeramente alborotadas, lo cogió en brazos y se lo llevó al gran río. | Allí, lo acostó con mucho cuidado sobre el agua y le dio un suave empujoncito. | Se quedó mucho tiempo mirando cómo se alejaba. Cuando le perdió de vista, la muerte se sintió incluso un poco triste. Pero así era la vida.


Erlbruch, utiliza en sus ilustraciones diferentes técnicas: pastel para los volúmenes, lápiz para la sombras, e incluso lápiz bicolor rojo y azul para siluetear a los personajes. Introduce, además, elementos recortados que dan un toque de realismo nihilista a la escena. El resultado es unos personajes delicados y contundentes, fríos y cándidos al mismo tiempo. Subrayando, de este modo, lo incómodo de la situación. Pero, asumiéndola con naturalidad.

Un libro perfecto para explicar sin eufemismos lo que los niños pueden entender sin edulcorantes.


Comprar en: El sótano








miércoles, 2 de enero de 2013

El pequeño Rey



Taro Miura
Fondo de Cultura Económica
32 Págs.

Hace mucho, mucho tiempo, en un país muy lejano, había un pequeño rey. A pesar de su diminuto tamaño, lo tenía todo: un castillo enorme, un gran ejército, una larga mesa repleta de manjares, un gigantesco caballo, una oceánica fuente para bañarse y una cama mucho mayor que king size en la que no lograba conciliar el sueño y que como el resto de cosas no le hacía feliz. Un día el pequeño rey se casó con una princesa enorme, con la que tuvo diez hijos que llenan el castillo, chapotean en la fuente, se sientan a la larga mesa, se pasean en el caballo y se duermen con ellos en la enorme cama en la que el pequeño rey, ahora sí, puede dormir feliz.

El pequeño rey es una historia en torno a la felicidad que trae consigo la familia, simple a la manera de los niños pero fuerte a la manera de las cosas profundas. Taro nos retrata, con dibujos de formas geométricas simples sobre páginas oscuras, un rey infeliz cuya vida está demasiado llena de objetos vacíos. Sin embargo después de conocer a la enorme princesa estas páginas se llenarán de color y luz, mostrando una felicidad que sólo se puede obtener al formar una gran familia. 

Un libro para leer, reír y educar. 

José A. Pérez-Robleda

Publicado originalmente en: istmo.mx

Comprar en: Gandhi | FCE | El sótano

lunes, 14 de mayo de 2012

La bruja y el espantapájaros

Gabriel Pacheco
FCE. México, 2011
44 págs

No hay mayor acto de amor que entregar la vida por el otro. Ésta es la historia de fondo que encontraremos en La bruja y el espantapájaros. La bruja, la más torpe de un grupo que vuela en la noche, zigzaguea rezagada del resto haciendo equilibrios imposibles sobre un monociclo que no puede controlar, hasta que su torpeza le hace caer al suelo. Una vez allí abajo es rechazada con enojo por las otras brujas que la abandonan como castigo. El espantapájaros ha observado toda la escena y en un acto completamente altruista decide dejarse deshacer para que, con la paja de su cuerpo, la bruja pueda fabricarse una escoba que ahora sí podrá manejar sin problemas.

Gabriel Pacheco logra contarnos la historia sin escribir una sola palabra, tan sólo utilizando unas imágenes oníricas y llenas de poesía que, con su silencio, hacen que uno tenga la sensación de asistir a la escena escondido detrás de un árbol.

En su obra Pacheco utiliza la computadora como medio para ilustrar, pero consigue tal grado de detalle y realismo que la técnica sólo es importante para sorprendernos. Sin duda, un libro que no sólo querrá ver, seguro querrá enseñar.


Publicado originalmente en: istmo.mx
Comprar en: Gandhi  | FCE






lunes, 12 de marzo de 2012

Un día diferente para el señor Amos


Philip C. / Erin E. Stead
Océano Travesía. México, 2011
20 págs.


El señor Amos es un hombre de mediana edad, que trabaja como guardián de un zoológico. Allí tiene mucho trabajo pero siempre encuentra tiempo para sus amigos: juega al ajedrez con el elefante, a las carreras con la tortuga, hace compañía al tímido pingüino, presta su pañuelo al rinoceronte y lee cuentos al búho que tiene miedo a la oscuridad. Sin embargo, un día de catarro el señor Amos no puede ir al zoo y son sus amigos quienes tienen que cuidar de él.

Para contar esta historia Phili C. Stead nos ofrece un texto lleno de ritmo, con pausas y momentos de intensidad, que invitan a contarla, más que a leerla, eso sí, enseñando las ilustraciones en las que el lápiz de Erin E. Stead ha sido capaz de dotar a los animales de una mirada inteligente, de narrar las historias paralelas que viven los animales pequeños y de llenar de detalles un álbum que podrá sorprendernos muchas veces.

Al final del día, los animales se quedan a dormir y Amos le da las buenas noches al elefante y a la tortuga y al pingüino y al rinoceronte y al búho, que le lee un cuento antes de apagar la luz.
Sin duda un libro que querrás contar antes dormir.

Libro para contar y enseñar.
Recomendado de 7 a 99 años.


Publicado originalmente en: istmo.mx
Comprar en: Gandhi | El Sótano





viernes, 27 de enero de 2012

Erase una vieja que se comió una mosca gris

Jeremy Holmes
Catapulta editores.
Buenos Aires, 2010
20 págs.

Érase un libro que no era un libro sino un objeto que no era un objeto sino un juego que no era un juego sino una vieja que se tragó una mosca gris; es la única manera que se me ocurre de describir este álbum ilustrado, donde el propio libro es parte de la historia y uno de sus personajes. La experiencia de leerlo comienza por dejarse mirar por unos grandes y penetrantes ojos que el propio libro tiene en la cubierta, son los de la vieja. Luego hay que desenfundarlo. Jeremy Holmes, el autor e ilustrador, cuidó hasta el más mínimo detalle; para abrirlo hay que desplazar una funda en forma de abrigo que cubre desde el cuello hasta los pies de nuestra vieja. Después habrá que pasar las páginas sobre su panza, dentro encontraremos el contenido de la historia y del estómago de la vieja que se tragó una mosca gris… y una araña y un pájaro y un gato y un perro y una serpiente y una vaca y un caballo. ¿Sabes qué le pasó? ¡Pero claro que lo sabes! y si no, tendrás que leerlo, eso sí, hasta desvelar la sorpresa de la última página.


Libro para contar.
Recomendado de 4 a 99 años.




Publicado originalmente en: istmo.mx
Comprar en: gandhi el sotano

martes, 11 de octubre de 2011

Zezolla


Rodolfo Castro / Richard Zela
Axial / Colofón. México, 2010
26 págs.

No siempre hubo cuentos, porque no siempre hubo niños. Lo que llamamos infancia comienza en occidente en épocas recientes, antes los niños eran personas en ciernes, y la infancia una época que convenía superar lo antes posible. En esta línea puede inscribirse Zezolla, un relato gráfico que recoge la versión italiana del siglo XVII del que quizá sea el cuento más antiguo del mundo, Cenicienta. Desde el prólogo, Rodolfo Castro advierte que en esta versión no encontraremos «azucarillos»; es una historia a modo de las que servían de advertencia y enseñanza, y que se contaban junto a las hogueras para instruir a los niños de los peligros del mundo.
El texto es impactante, subraya imágenes misteriosas, oscuras y diluidas no sólo en los fondos de acuarela de Richard Zela, sino en la bruma textual que el autor imprime a su relato. Sin duda, una magnífica mancuerna para contar la historia de siempre, capaz de sugerirnos una época en la que lo fantástico era la única salida a la brutalidad que componía la realidad.
Recomiendo esta lectura a adultos de todas las edades, sólo recuerden no dejarla al alcance de los niños.


comprar: no disponible.